Las musas se enamoraron perdida y caprichosamente
de ti…
No tienen el menor deseo de atenderme, ni la
mínima voluntad de guiarme en este laberinto de emociones que supone amarte. Me
sonríen a lo lejos colgadas de tu cuello, sin la intención de volver a la vena
sombría de mi corazón, en donde baten las letras que sólo saben de textos y
pretextos agridulces que me enaltecen el ego y me ensalzan la razón.
Definitivamente prefieren la ternura de tu voz
susurrándome al oído; elijen las ganas de tus manos de aferrarse a mi piel,
se encantan con tu determinación de permanecer en mi alma y se fascinan con el
brillo de tus ojos que imaginan despertar a mi lado.
Intercambiamos puntos de vista entre lo casual,
lo causal, entre el encuentro del destino y esta más que feliz coincidencia;
filosofamos sobre la ética, los sueños de radio y la paz… un descuido de mi mente que se quedó
colgada de tu llamado y se esfumaron sigilosa y nuevamente contigo.
Aunque en total rebeldía, después de un par de
horas, logro regresarlas a mi mundo; pero algo sucede que la música sacude tu melodía y ellas embelesadas con tu presencia vuelven a
perpetrarse contra tu pecho conmemorando
otro día más de magia.
Así les fluye la vida en la espera; empujando a
los días para que corran desquiciados a nuestro abrazo… y te juro que las
entiendo… porque a mí me sucede exacta y felizmente lo mismo!
Tus labios se balancearon con la
crepuscular intención de estremecerme en un beso, pero mi pecho, herido de sinsabores se replegó en la defensa.
La complicidad del
silencio una vez más se cobró las razones y dejaron de importar otras pasiones,
sin cariño siquiera de consuelo para los corazones hastiados de ausencias que
siguen naufragando perdidos por el mar de los sueños.
Rehusar el encuentro y sentenciar la
potencial comunión es como un mero mecanismo de adaptación defensiva contra la
vulnerabilidad de seguir cayendo en sucesivas historias que pretendiendo justificarse
en el infortunio de la soledad se terminan diluyendo en la nada disfrazada de
compañía.
Esperar por un amor que lo trastoque
todo termina siendo una advertencia tardía sobre el desamor que una vez más nos
sacudirá al espanto.
Queriendo evitar la angustia de esta
apatía; que amenaza ilusiones construidas bajo el imperio de un prototipo que
solo existe en mi juicio, particularmente adiestrado para las utopías;
sobrevivo al insomnio, celebro las despedidas y sigo con la inquietud de ir andando
con la ternura desvencijada por la vida.
Hay tanto para decir sobre el amor y se puede expresar
de tan exquisitas maneras; que algo se vuelve mágico siendo capaz de
transportarme a la leyenda.
Si siento,
burbujea el prado, la sombra estimula al silencio y se desvela el poder de otro
milagro. La esfera envía señales que se
captan en un instante de sabrosas coincidencias; las mismas que impactan justo
en el centro del deseo, invitándome a seguir camino.
Si pienso,
concluyo en la infinitud de matices, ópticas y desencuentros; siempre
objetivados en el gozo de quien se identifica con el desparpajo de mis
mojigatas, que más allá de la dirección que quiera imprimirles, se me arrojan
encima del corazón ahogándome en fantasías.
Y desde
luego festejo, no me queda más opción que alentarlas a estrujarme el insomnio,
permitiéndoles irrumpir en mis días con cualquier pretexto y en nombre de causas nobles. Solo me dejo llevar por la ternura, ya no reniego por
revivir pasiones ni naufrago en la ilusión de la cordura.
Las mojigatas vulgaridades
son emanadas por mi alma cada vez que aparece la doncella embelesada centinela
de mis textos. Me seduce con sus alas portadoras de infinitas y sucesivas
escenas que embriagan mis emociones y me transportan al palacio de ensueños que
habitaba cuando niña.
Recorro mi infancia, con
enorme placer y me descubro mil veces gestándolas y pariéndolas en distintos
materiales, casi todos, con excepción del papel, a quien vengo a descubrir
entrada en los cuarenta.
Nada me genera tanto éxtasis
como escribir; y eso que siempre he sido esclava de mi propia libertad. Viví
estimulando mi creatividad, acompañándola con granitos de
voluntad, un poquito de fe, un puñado de agradecimientos y, las muy atrevidas
llegan, ocupan todo el espacio y encima no se quieren ir.
Y a veces tengo unas ganas
locas de recibirlas, otras el impulso de intentar ofrecer resistencia; pero con
ellas no se puede, no entienden de racionalizaciones, ni de poder; son chiquillas
malcriadas y acostumbradas a cautivarme. Me seducen combinándose, habladas o escritas; empujándome al sacro lugar
del misterio, en donde mi ánima se regocija a su merced. Atrevidas, picarescas,
melancólicas y furtivas…
Fulgor que arrebata las sombras y encandila las miradas. Pétalo que asoma al alba bebiendo el rocio que cubrió la noche. Despunta el rey y las aves anuncian otro retoño.
Reverdece la aurora desde el acantilado, rugen las olas por su bienvenida. El cielo pinta un arcoíris que exhibe arte. El gusto a sal invade la piel, el olor del mar celebra la vida.
Mis ojos buscando los tuyos completan la maravilla.