Rincón donde atesoro el ingenio de mi pluma, agitada con el goce que me genera escribir.
miércoles, 10 de junio de 2020
jueves, 23 de abril de 2020
Con el Olivo de mi Negrita, todos los males se quitan...
Mi madre, una nativa pampeana con pretensiones de ser una
cacique encumbrada por su procedencia de
una tribu ancestral indígena de los Coliqueos (mapuches); tenía para todas y cada una de las
situaciones contrarias a su deseos o que entendiera negativas para su armonía
familiar, una mágica solución: el olivo.
Llegó a vivir a “La Plata” muy joven con su familia
perseguida políticamente, prácticamente exiliada de su “Los Toldos” natal a
refugiarse en un conventillo (antiguas viviendas urbanas colectivas), y necesitando
imperiosamente trabajar, sin poder estudiar, se dedicó al arreglo de medias de
nylon, oficio que le enseñara una amiga de su tía; sin existencia en la
actualidad, ya que hoy cuando se
enganchan y se corren, se arrojan sin más a la basura.
Tejiendo hilachas, quemando hojitas de oliva y fumándose
la ansiedad, iba construyendo sueños la Negrita (así la llamaban de pequeña y por siempre). Armó su familia con la valentía de una
leona pura sangre aguerrida, como pudo, con exagerada austeridad pero con un
entusiasmo, que jamás nunca supo de depresiones, ni de grandes tristezas. Lo
que para ella era un deber ser, no se cuestionaba, lo hacía y punto; las
justificaciones y pretextos no cabían en su ojeada oscura de pureza sin igual.
Un buen marido, dos hijos, trabajo y a ganarle a la diaria con salud y prosperidad!
Yo crecía sin entender de donde salía esa rama embrujada,
hacedora de milagros y cómo era posible acercarnos la bendita providencia con
solo rodearnos de su oleo o su humo. Más aún, cuando esa planta sagrada no
estaba en mi casa y ella me pedía a menudo; -cuando seas grande y ganes tu
dinero me vas a regalar un olivo para que yo me pueda sentar a tomar mates bajo
su sombra? –para que cuando me jubile pueda enseñarle a juntar aceitunas a mis
nietos… Solía manifestarme con alegre ensoñación.
Si los malestares provenían del abdomen o de un soberano
atracón, llegaba inusitadamente la aplicación del emplasto; que era el ritual pediátrico
por excelencia, untarte el vientre con aceite de oliva, sobre eso se acomodaban
prolijamente unas hojas de acelga sin pencas (las partes más tiernas) y por
último con una venda ancha y larga, te fajaban casi como a una momia desde la
noche a la mañana. Situación sumamente incómoda, extraña e inmovilizadora a la
que te terminabas acostumbrando finalmente por la cotidianeidad de la práctica.
Sus argumentos eran que el unto actuaba como protector digestivo y hepático,
mientras la acelga absorbía la fiebre estomacal generadora de los dolores. Lo
mejor de todo esto era que después de la experiencia ya estabas listo
nuevamente para poder devorar las golosinas con las que ellos te premiaban
cuando volvían del trabajo. Para mi madre la única razón posible para hacer
dieta y comer sano era sinónimo de adelgazar, hábito del que quedábamos exceptuados
los niños y a decir verdad, los grandes practicaban muy poco.
Si el invierno era muy duro, había que proteger los
bronquios para no enfermarse y allí el aceite de oliva en pecho y espalda; y
sobre él un papel para evitar que el frio ingrese a los pulmones y que la
sudoración se seque en el cuerpo (se entiende perfectamente que esta era la
comprensión de la realidad que mi madre tenía, seguramente transmitida por sus
ascendientes). Este mismo proceso se hacía en las plantas de los pies, antes de
ponerte las botas de agua, cuando acompañaba la lluvia.
A todo esto, mi padre, que era un gordo gruñón muy bello,
que traía el mar en sus ojos (de sólo mirárselos podías verle el alma), se
quejaba de continuo porque aquí el poco cultivo de olivo existente era
artesanal y todo lo que de grandes olivares españoles provenía era muy costoso;
especialmente teniendo en cuenta la precariedad en la que vivíamos, lo muy
cuesta arriba que se nos hacía la diaria subsistencia y lo mucho que mi Negrita
dependía del óleo y sus derivados para llevar a cabo sus ceremonias. A veces
lograba hacerlo claudicar en sus protestas, manipulándolo con la pena de
ofrecerle a cambio renunciar a su comida; porque claramente lo que no podía
faltar en su hogar era el olivo, con el que aderezaba las ensaladas, sanaba los
cuerpos y limpiaba las auras.
Si el mal era económico había que llevar una hojita de
olivo en cada zapato para andar derechito y pisar firme; y otras en la
billetera junto a un papelito con el símbolo del infinito dibujado, como imanes
de abundancia. Esto para nosotros era como lavarnos los dientes, de uso diario
porque la necesidad de mejorar los ingresos y con ellos la calidad de vida era
una primerísima necesidad, a Dios gracias con la salud la piloteábamos bastante
bien.
Cuando los problemas eran de amor, no faltaban las dos
aceitunas sobre una cucharada de miel con pétalos de rosas, junto con una
velita roja en la que se escribía el deseo con un alfiler; se la encendía y
cuando se terminaba de consumir, había que comerse las dos aceitunas, inspirada
intensamente en lograr que se cumpla el pedido, casi como una meditación guiada.
Estaba prohibido comer una sola aceituna, debían ser, como mínimo dos; así se
representaba la generosidad de tener en cuenta al otro, de compartir, evitando
el egoísmo del para mi solito.
Todo esto sin contar que los viernes, rigurosamente, había limpieza energética de la casa. Quemaba
incienso o palo santo con el que sahumaba cada uno de los rincones, mientras
con una ramita de olivo los golpeaba seis veces a cada uno, en forma de cruz, como
exigiéndoles la liberación de los malos espíritus y con ellos la mala onda
circundante. Abría todas las ventanas para que pudieran ser expulsados en el
rito y seleccionaba de sus discos de pasta, una melodía lo suficientemente intensa
con la que sentía que los echaba a la calle.
Ahora que lo pienso a la distancia, qué locura tan hermosa
tenía mi madre! Cuánta sabiduría disfrazada de hechicería habitaba en lo
profundo de sus deseos. Tanto manual de autoayuda grabado en sus plegarias. Hoy
que me puedo cansar de leer acerca de las propiedades y beneficios del olivo,
del incienso y del palo santo; del significado de paz y luz de sus ramas; de la
suerte, prosperidad y fecundidad de tener un árbol en la casa; ahora, ella ya no
está para poder compartirlo. Ella que no dejaba de festejar cada Pascua la
resurrección de Jesús, colgando en alguna pared de la vivienda una ramita de
Olivo que representaba dicha victoria. Ella, la que preparaba los más
exquisitos escabeches.
Por las noches me invitaba a que leyera artículos de una
enciclopedia con muchos tomos que me había regalado, llamada: “Lo sé todo” que
explicaba claramente sobre una gran variedad de temas. Aprendí a leer desde muy
pequeña y ella que contaba con tan poca preparación escolar, se deleitaba
escuchándome e impulsándome a que cada día me superara un poco más, y así fue
que me contagió sus ganas de ser mejor persona, de aspirar a vivir dignamente
del trabajo o la profesión elegida; ser humilde, solidaria y empática. Aún
recuerdo un texto sobre mitología Griega que narraba cómo la Diosa Atenea con
la punta de su lanza hizo brotar un olivo en el centro de Atenas; ciudad en la
que Zeus ofrecía su dominio a quién le presentara el obsequio más valioso para
la humanidad. Poseidón (Dios de los mares), le regala a Zeus un caballo por
considerarlo un animal fuerte y capaz de colaborar en muchos quehaceres con el
hombre, aportándole fuerza y fidelidad; y competía con Atenea que le entrega como
presente una rama de olivo y con ella representada la longevidad, la nutrición,
la combustión capaz de iluminar las noches y el aceite para curar las heridas. La
rivalidad fue ganada por Atenea quien galardonándose con la supremacía del
lugar se convirtió en la protectora de Atenas.
Escribir sobre nuestros recuerdos los resignifica;
redefine y consolida la identidad, fortificándola para atravesar las repentinas
oportunidades, mejor entendidas como crisis, que se instalan sorpresivamente en
nuestros días. Por eso la importancia de mantener vivos esos primeros olores,
sabores y amores; porque nos regresa a la seguridad afectiva de mamá, donde nada
nos podía dañar, donde el miedo se moría de fastidio porque la protección de su
abrazo lo hacía desaparecer; donde “la fe” era más importante que “el tener”,
porque Dios siempre proveerá, con olivo o sin él, siempre estará allí, como
mamá.
La voracidad con la que transcurren los tiempos jóvenes,
con sus idas y vueltas; nos tele transportan de un lugar al otro con la sana ambición
de mejorar, cumplir responsabilidades y salir adelante, se nos esfuman los
momentos… y en el camino nos vamos perdiendo la comprensión de esas costumbres
tan arraigadas a nuestros queridos ancestros. Y aunque creamos que no las
entendimos; que la conciencia no las reconozca como verdaderas, aunque hayamos
sentido la incomodidad de la ridiculez, alguna que otra vez, y aunque estemos
convencidos que no hay ciencia que lo afirme; yo de algún modo sigo honrando a
mi madre y su cultura con la adoración que supo transmitirme por los olivos,
sus ramas y sus frutos. Hay una parte de mí, sin espacio ni tiempo, que se
siente embriagadamente atraída por el amor a mi Negrita y a todo lo que con
ella venía. Y si bien no llego a su extremo chamánico, conservo sí el gusto en seguir
eligiendo el olivo para las comidas y en los esenciales para la hidratación de
la piel.
Hace un par de años conseguí un arbusto pequeño pero muy
bonito que planté en el parque de mi solar; oliva que cuido afanosamente
mientras repaso mentalmente algunas de estas historias. Entretanto a mi madre
la siento disfrutar, orgullosa de mí y de su aroma en el aletear de algún picaflor
o mariposa.
jueves, 15 de noviembre de 2018
Hijos son hijos...
Mi corazón no encuentra una manera
más fluida de expresar su sentir, que a través de las letras…
Duele, sangra, se reanima y vuelve al
ruedo; bombea en todas y cada una de las frecuencias, renegado de impotencia se
retuerce frente a tanta violencia social desmedida. Violencia que partiendo de
las lenguas más filosas y quizás menos encumbradas, se erige gritando a viva
voz “CON MIS HIJOS NO TE METAS”, entre tantas otras maldiciones que tapando el
egoísmo y la hipocresía aparentan el mejor de los status.
CON MIS HIJOS TAMPOCO TE METAS! grita la tierra…
-yo tengo hijos negros, chinos, gays,
indios, bolitas, perucas, travestis, narigones, discapacitados, millennials, enanos, dementes, cartoneros, canas, artistas,
vagabundos, de derecha, de izquierda, humanistas, ecologistas, investigadores,
católicos, evangelistas, umbandistas y
ateos; blanquitos de ojos azules,
villeritos con los mocos colgando, modelitos de pasarela y gordas con
calza; hogares en donde se huele a sushi con la flauta mágica de Mozart y otros
de los que sólo sale humo con el agite de los pibes chorros… y un sinfín de
hijos más; además de los desaparecidos, los abandonados, los adoptados, los
abusados, los malvivientes y los muertos.
Y absolutamente todos compartimos el
mismo cielo en esta tierra; somos bastante más que K o M, compartimos también
el desgarro de aguantarnos a poderosos que en nombre del bien común que nos
debieran prodigar, cometen a diario injusticias que nos degradan, matándonos a todo nivel: corrupción,
discriminación, indiferencia, faltas de todo tipo, negligencia, ausencia; y eso
también es violencia que engendra y contagia más violencia; eso también atenta contra todos los hijos de
la tierra; porque los designios del destino no distinguen de clases sociales y sucede
que en cualquier momento y por cualquier misteriosa causa, podemos terminar
estando en las manos de esos mismos hijos ajenos que tanto despreciamos.
Enseñemos a nuestros padres, hijos,
hermanos, parejas, vecinos y quien necesite saberlo, a convivir sana y
respetuosamente con las diferencias; a no marginarnos más de lo que ya cada uno
por propios complejos se autodiscrimina.
Ser respetuoso con quien es distint@,
no te obliga a pensar o sentir como él o ella, ni siquiera a festejar sus
elecciones de vida, simplemente te eleva a la calidad de ser buena persona. Ver
una película es distinto a vivir una historia; no está bueno andar tan ligero
de lengua, cuando ni siquiera intentamos probarnos los zapatos del otro.
No temas contagiarte con las mismas
variedades que tan caprichosamente menosprecias; no hay nada más contagioso que
la violencia y a esa por lo visto no le temes para nada… Los hermanos sean unidos!
martes, 13 de noviembre de 2018
La expedición de cinco lágrimas
Nunca supe muy bien si las gestaba
una herida, el recuerdo de un alma ausente, el dolor actual de la frustración
nuestra de cada día o simplemente esa extraña sensibilidad que padecemos
quienes nos animamos a creernos hacedores de algún arte.
Pero sí se con certeza, que en ese
proceso de parir lágrimas, la tristeza va pateando cada esperanza que surge, va sacudiendo las risas hasta estrellarlas contra el helado hueco de la
nostalgia. La apatía que no puede lidiar
más con su suerte, se acurruca contra esas pequeñitas gotas de sal y les
insufla la pizca de aliento con la que sobrevivía.
Así se acomodan como en fila india,
tomando distancia con un manojo de cerdas, dispuestas a fregar cada centímetro
de víscera que encuentran a su paso; a pulcras nadie les puede ganar, llegan
bien hasta el fondo y hasta que no remueven el suspiro más acongojado, no dejan
de hurgar.
Las tres primeras son las más urgentes, las que venían preparándose desde hacía tiempo sin poderse asomar; la barrera de la censura las volvía una y otra vez para atrás. Regordetas ellas, cargadas de hastío, cualquier emoción las hacía tambalear.
Las tres primeras son las más urgentes, las que venían preparándose desde hacía tiempo sin poderse asomar; la barrera de la censura las volvía una y otra vez para atrás. Regordetas ellas, cargadas de hastío, cualquier emoción las hacía tambalear.
De las tripas, al corazón
viajaban en primera, se estacionaban por un rato oprimiendo el músculo
hasta la angustia y con el solo empuje de los latidos se dejaban deslizar
a la garganta, donde devorándose toda la tribulación que acumulaba el silencio, terminaban explotando en un
sollozo que aún así no las dejaba caer al vacío.
Presas de imágenes afligidas, ávidas
por intensificar la emoción justa que pudiera eyectarlas, piden regodearse con
las letras de las canciones más lacrimógenas del romanticismo estoico; y si a
eso, le podemos sumar alguna que otra toxina inspiradora; entonces y sin pedir
permiso rodará la primera, desconcertada y disculpándose en surcar la mejilla.
Antes que la puedan secar, llegaran las otras dos secuaces, a mostrarse con
todo el desparpajo de quien se
enorgullece en exhibir su
vulnerabilidad.
Esa caída desprolija y
aplomada que rápidamente las manos quieren ocultar, en pos de fingir una fortaleza
que excede a cualquier humano. Las
secamos aunque su color ya tiñó el momento de una lúgubre pesadumbre, mientras
los ojos ajenos se giran para consolarlas y ellas siguen prefiriendo la soledad
para desintegrarse sin mucha vuelta ni cuestionamiento y encima con
pretensiones de escribir…
Las últimas dos son el sosiego, da
placer sentirlas rodar como si dibujaran crisálidas en su andar; con la convicción
de estar pasando por las agitadas contracciones que suponen salir del capullo a
un nuevo tiempo; instantes que se
esperan de felicidad; porque la dicha es esa sucesión de momentos que deseamos
interminables aunque su envase lleve impresa la fecha de caducidad.
Entre la excursión de las lágrimas y
una renovada sonrisa se necesita imperiosamente una exuberante dosis de amor en todas sus
formas; porque sólo a partir del amor es posible volver a gestarlas.
¿Volvemos?
Fuimos y vinimos
muchas veces, sin pensar;
nos amamos con un fuego
imposible de apagar.
Juntos: el amor más
puro;
alejados: inquina total.
Y sin embargo al tiempo,
nos volvemos a buscar…
Conexión inexplicable
que no surge del azar,
no se encoje, ni se gasta,
ni le importa el qué dirán.
Fibra que baja del cielo
y viene del más allá,
amarrándonos las almas
en un sueño sin final
Que imán tan fuerte los cuerpos
que no pueden despegar
de sabanas encantadas,
lujuriosas por demás.
Corazones que armonizan
con galope similar,
jugando como los niños:
al siempre, nunca, jamás…
miércoles, 24 de octubre de 2018
Desde mi ser
Me aborda la idea de la donación de órganos desde un rincón interno de máxima sensibilidad, como un deseo insistente de generar conciencia, ahondar el entendimiento y mitigar el dolor...
Mi reflexión apunta a cada uno de aquellos que habremos de jugar un rol ante este desafío, en un intento de sentir en lo íntimo de mi ser, lo mismo que hará vibrar la profundidad de la conciencia de cada uno de ustedes. Les pido entonces, que acepten esto que pretendo expresarles como la revelación de una confidencia que, a la vez, es casi una oración profana.
Pienso en el medico que habrá de decidir, casi siempre con urgencia, si el donante esta vivo o esta muerto, y me apiado de él. Es quizás más de lo que podemos exigir a un ser humano. Por eso pido por él, no tanto por el médico, sino más bien por el hermano enfrentado con dilemas que exceden largamente su dimensión profesional.
Pienso en el enfermo que necesita un órgano, y en sus familiares; en cómo será el tiempo de espera, cuál habrá de ser la calidad de ese tiempo de dependencia del prójimo que quiera compartir con ellos la aventura de la vida y de la muerte. Y pido por ellos. Pido por que si se salva esa vida, sea dedicada a completar el aprendizaje que este transito terrenal nos propone. El donante, ya en otra dimensión, recibirá de este modo el mejor homenaje.
Pienso en el donante, y admiro su coraje. Y reverencio su fe en la Ciencia. Pido que no sea defraudado; no hay pena capaz de saldar los delitos contra el alma.
Pienso en el indeciso. Pido respeto para él, porque nadie tiene derecho a cuestionar lo que cada uno decide hacer con su cuerpo, con su vida y con su muerte.
Pienso en el indiferente. No me siento capaz de censurarlo, quizás porque estoy convencida de que hay un tiempo para todo. Por eso pido por él paciencia y comprensión.
Pienso en los investigadores científicos. Y también pido por ellos, para que no dejen de buscar hasta encontrar la manera de que no sean necesarios los trasplantes; aunque esta invocación parezca un contrasentido.
En esencia, lo que estoy pidiendo es cada vez más luz para las mentes esclarecidas, para los espíritus tenaces y para los corazones desbordantes de amor de nuestros hermanos investigadores; siento desde mi fe, que no puede estar lejano el día en que la ciencia nos asombre una vez más con un nuevo avance en la preservación de la vida, que haga de esta maravilla de los trasplantes una honrosa memoria en el archivo de nuestra estirpe.
Pienso en Dios, en el Dios que cada uno tiene, a veces a pesar suyo. Y a Él le pido todo lo que pido para cada uno de nosotros. Luz, mucha luz para todos, especialmente para acelerar la fuerza incontenible del amor que, en última instancia, es el sentimiento que hoy me impulsa a compartir esta inquietud con ustedes.
lunes, 12 de junio de 2017
La travesía de Marce al mundo!
Ya estamos en las librerías de España con la edición de Chiado!
Y en Internet en formato virtual ebooks en las mejores plataformas digitales:
miércoles, 17 de mayo de 2017
Sueños de radio...
Las musas se enamoraron perdida y caprichosamente
de ti…
No tienen el menor deseo de atenderme, ni la
mínima voluntad de guiarme en este laberinto de emociones que supone amarte. Me
sonríen a lo lejos colgadas de tu cuello, sin la intención de volver a la vena
sombría de mi corazón, en donde baten las letras que sólo saben de textos y
pretextos agridulces que me enaltecen el ego y me ensalzan la razón.
Definitivamente prefieren la ternura de tu voz
susurrándome al oído; elijen las ganas de tus manos de aferrarse a mi piel,
se encantan con tu determinación de permanecer en mi alma y se fascinan con el
brillo de tus ojos que imaginan despertar a mi lado.
Intercambiamos puntos de vista entre lo casual,
lo causal, entre el encuentro del destino y esta más que feliz coincidencia;
filosofamos sobre la ética, los sueños de radio y la paz… un descuido de mi mente que se quedó
colgada de tu llamado y se esfumaron sigilosa y nuevamente contigo.
Aunque en total rebeldía, después de un par de
horas, logro regresarlas a mi mundo; pero algo sucede que la música sacude tu melodía y ellas embelesadas con tu presencia vuelven a
perpetrarse contra tu pecho conmemorando
otro día más de magia.
Así les fluye la vida en la espera; empujando a
los días para que corran desquiciados a nuestro abrazo… y te juro que las
entiendo… porque a mí me sucede exacta y felizmente lo mismo!
sábado, 11 de marzo de 2017
Una advertencia tardía
Tus labios se balancearon con la
crepuscular intención de estremecerme en un beso, pero mi pecho, herido de sinsabores se replegó en la defensa.
La complicidad del
silencio una vez más se cobró las razones y dejaron de importar otras pasiones,
sin cariño siquiera de consuelo para los corazones hastiados de ausencias que
siguen naufragando perdidos por el mar de los sueños.
Rehusar el encuentro y sentenciar la
potencial comunión es como un mero mecanismo de adaptación defensiva contra la
vulnerabilidad de seguir cayendo en sucesivas historias que pretendiendo justificarse
en el infortunio de la soledad se terminan diluyendo en la nada disfrazada de
compañía.
Esperar por un amor que lo trastoque
todo termina siendo una advertencia tardía sobre el desamor que una vez más nos
sacudirá al espanto.
Queriendo evitar la angustia de esta
apatía; que amenaza ilusiones construidas bajo el imperio de un prototipo que
solo existe en mi juicio, particularmente adiestrado para las utopías;
sobrevivo al insomnio, celebro las despedidas y sigo con la inquietud de ir andando
con la ternura desvencijada por la vida.
jueves, 1 de diciembre de 2016
martes, 30 de septiembre de 2014
Soneto a Camilo
Pequeñito amor que en esta vida
me haces feliz abuela otra vez,
Traviesa la mirada en guarida
con
ojitos de oscura candidez.
Gestos que enamoran de ternura,
energía que emana por doquier,
Sonrisa de tamaña preciosura,
con requiebros de pura intrepidez.
Subyugador de toda la dulzura
alborotada en una carcajada,
superpoderes para la aventura
Con puños fuertes de chocolatada,
hombrecito araña en miniatura
que tienes mi alma enamorada.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Andando
Soy libre
como el cielo
Y clara como
el mar,
Me ahogo en tu
mirada
Y revivo en
tu sal.
Soy tenue
cual la luz
Que acaba
con el día,
E intensa
como el fuego
Que arde en
tu volcán.
Fundida en
la inocencia
De la Diosa perdida
Sorprendida
en la hazaña
Del que
nunca vendrá.
Nada busco
más que hallarte,
Solo tienes
que encontrarme;
No resisto
otra promesa,
Ni acepto
otro pretexto
Que no tenga
como finalidad
El amarme…
Alado
huracán de pasiones
Que
regurgita ternuras
Y socava
madreselvas.
Arlequín que
pretende
Beberse de
un sorbo el mar
En cada beso
de despedida.
miércoles, 15 de agosto de 2012
Vuelve el amor
Hay tanto para decir sobre el amor y se puede expresar
de tan exquisitas maneras; que algo se vuelve mágico siendo capaz de
transportarme a la leyenda.
Si siento,
burbujea el prado, la sombra estimula al silencio y se desvela el poder de otro
milagro. La esfera envía señales que se
captan en un instante de sabrosas coincidencias; las mismas que impactan justo
en el centro del deseo, invitándome a seguir camino.
Si pienso,
concluyo en la infinitud de matices, ópticas y desencuentros; siempre
objetivados en el gozo de quien se identifica con el desparpajo de mis
mojigatas, que más allá de la dirección que quiera imprimirles, se me arrojan
encima del corazón ahogándome en fantasías.
Y desde
luego festejo, no me queda más opción que alentarlas a estrujarme el insomnio,
permitiéndoles irrumpir en mis días con cualquier pretexto y en nombre de causas nobles. Solo me dejo llevar por la ternura, ya no reniego por
revivir pasiones ni naufrago en la ilusión de la cordura.
Seremos uno…
cuando el cielo escampe,
te atrapen mis vísceras
y ya no te extrañe.
Cada vez que quieras
los mimos del alma
que galopa fuerte
Penurias
Las esperanzas no abundan,
solo se antojan comer.
Sin rasguñar de las sobras,
ni robar en el andén.
Desposeídos de estrella,
indocumentados por ley,
indigentes para un pueblo
que no los mira crecer.
Son los pobres de la tierra
y poco pueden hacer,
con viles representantes
que se olvidaron del “Che”.
Carroñeros camuflados,
de políticos sensibles,
licenciados en discursos,
vendedores de ilusión.
Avaricia sordomuda
que no distingue fronteras,
acumula billeteras,
impunidad y poder.
Excusándose en mentiras,
que sólo ellos avalan,
justificando sobrantes,
con las miserias de aquel.
Un día se hará justicia
y todos seremos estado,
para tomarnos las manos
compartiendo en igualdad.
No hay tesoro más preciado,
que vivir en equidad.
Numen
Las mojigatas vulgaridades
son emanadas por mi alma cada vez que aparece la doncella embelesada centinela
de mis textos. Me seduce con sus alas portadoras de infinitas y sucesivas
escenas que embriagan mis emociones y me transportan al palacio de ensueños que
habitaba cuando niña.
Recorro mi infancia, con
enorme placer y me descubro mil veces gestándolas y pariéndolas en distintos
materiales, casi todos, con excepción del papel, a quien vengo a descubrir
entrada en los cuarenta.
Nada me genera tanto éxtasis
como escribir; y eso que siempre he sido esclava de mi propia libertad. Viví
estimulando mi creatividad, acompañándola con granitos de
voluntad, un poquito de fe, un puñado de agradecimientos y, las muy atrevidas
llegan, ocupan todo el espacio y encima no se quieren ir.
Y a veces tengo unas ganas
locas de recibirlas, otras el impulso de intentar ofrecer resistencia; pero con
ellas no se puede, no entienden de racionalizaciones, ni de poder; son chiquillas
malcriadas y acostumbradas a cautivarme. Me seducen combinándose, habladas o escritas; empujándome al sacro lugar
del misterio, en donde mi ánima se regocija a su merced. Atrevidas, picarescas,
melancólicas y furtivas…
Mojigatas que en ensueños
vulgarmente merodean,
haciendo uso de tildes,
diéresis entre quimeras.
Encumbradas en otrora,
en acecho en las bateas,
con atrevida presencia
de gerundios y diademas.
A veces, de purpurina,
en ocasiones de cera,
así son mis criaturas
platónicas y altaneras.
No!
No devalúes mi andar por la tierra,
Ni me sobreestimes cuando desaparezca.
No te desabrigues para cubrirme,
Ni me desvistas para protegerte.
No te permito!
Que me astilles las vísceras
Con premeditada ironía,
Ni me arrebates la cordura
Con pretensión de sanarte.
No me picotees el corazón,
Para alimentar a tu ombligo.
Ni me acribilles la libido
Para excitarte.
No me destiles el ánimo
Ni asesines mi utopía.
Porque no te lo permito!
domingo, 24 de julio de 2011
Mío
Casi un espejismo
teñido de culpa,
celoso gusto,
acontecer.
Sigilo
que hiela los huesos,
mueca
que taladra al ser.
Desquiciado cielo
avaro de estrellas,
humor repartido
preludio, mujer.
Sirena y encanto,
nodriza, plebeya,
noches de papel.
Soy toda de Luna,
de tiza y de viento,
De pluma
y ganas de mecer;
rayuela
de asombro
en un torbellino
cercano a la piel.
Fogosa inocencia
de niña dormida,
doncella de nácar,
misterio, placer.
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